Entrevista a MÁF en DALPINE

Entrevista a Miguel Ángel Felipe Fidalgo

Miguel Ángel Felipe Fidalgo (Asturias, 1969) es fotógrafo (toda su obra está difundida con el heterónimo Elde Gelos) y periodista. Vive en Chile desde 1996. En 1998, junto a un grupo de fotógrafos, fundó la agencia IMA en Santiago de Chile. Docente de la Escuela de Fotografía Alpes, imparte regularmente cursos y talleres en varias universidades. Es también cofundador de Humo -junto al editor chileno Miguel Ángel Larrea-, una iniciativa para el desarrollo de proyectos fotográficos. En la actualidad trabaja como editor gráfico del periódico Las Últimas Noticias y dirige el sello independiente Ediciones La Visita.

La Visita llegó un caluroso día de julio y nos sorprendió la vitalidad con que esta joven editorial chilena había arrancado.

¿Cómo fueron los comienzos de Ediciones La Visita?

Ésta es una iniciativa que partió con una conversación en un bar con otra fotógrafa, Carla Möller. Tenía la idea desde hacía tiempo de editar unos libros de pequeño formato que contuvieran una obra completa de un autor después de haberme tropezado con varios fotógrafos chilenos cuyo trabajo me parecía muy interesante y al que veía escasas posibilidades de ser publicado. Básicamente estaba interesado en hacer con otros lo que me gustaría que hicieran conmigo. Queríamos una publicación que pudiera venderse a un precio muy razonable, que facilitara en el contexto socioeconómico latinoamericano la difusión, sin renunciar a la calidad de impresión y al respeto máximo por los trabajos. Carla me propuso presentar la idea a Pehuén, una editorial chilena con la que ella colaboraba y que tiene un buen catálogo de fotografía patrimonial. Se interesaron mucho por el asunto pero no se decidieron nunca a publicar el primer libro. Supongo que veían poca rentabilidad en la idea y, seguramente, no estaban equivocados. Para ello postulamos a unos fondos públicos que, por supuesto, no ganamos. Después de que el proyecto fuera pospuesto varias veces, nos decidimos a emprender la aventura de manera autónoma e independiente, poniendo el capital para editar el primer libro. Todo ello con la esperanza de recuperar con la venta lo necesario para poder financiar un segundo número y así sucesivamente. El cuento de la lechera, vamos.

Arrancar una editorial no es algo fácil, hay que dedicarle mucho tiempo y dinero, los resultados no son siempre son los que uno desea, la distribución de los libros es un proceso lento y que requiere mucho trabajo. ¿Qué le lleva a uno a comenzar esa aventura? ¿Y qué lo anima a seguir adelante?

No es fácil, pero merece la pena. Todos los esfuerzos y las crisis de fe, que son varias en el proceso de elaboración, se superan cuando el libro existe físicamente y puedes tenerlo entre las manos. Mi empleo habitual, que me da de comer y me mantiene, no me deja mucho tiempo tampoco para las tareas anexas como la distribución, que son vitales, pero vamos buscando canales que apuestan más a una calidad que a lo masivo e indiscriminado. Frente a todas estas dificultades, decidimos asumir una velocidad de crucero lenta pero segura, que haga posible el proyecto. Eso significa apostar por tener los libros en buenos sitios más que en muchos lugares. Por supuesto, el ánimo que está detrás de toda la aventura es la grata sensación de justicia repuesta que se experimenta cuando una obra fotográfica que debía, como imperativo moral, estar publicada, finalmente lo está. Asumiendo la identidad del lugar donde hacemos estos objetos, donde todavía no hay un gran número de compradores de libros de fotografía, la tarea comprende además ir generando lentamente un público interesado y fiel.

Del visionado de tus libros se intuye que tienes una relación muy estrecha con los fotógrafos con los que has trabajado. ¿Cómo es tu relación con ellos?

Efectivamente hay una relación muy cercana, un conocimiento previo y una admiración profunda. Todos son amigos, algunos ex alumnos y otros, además, maestros. Tratamos de generar una relación muy próxima y de lograr entender la obra de los autores medularmente. Ahora bien, trabajamos en los libros con un comité editorial informal (en todos los sentidos), cuya composición varia de un título a otro, en el que integramos a otros fotógrafos que tengan alguna afinidad con la obra. En esa instancia generamos una conversación previa y un intercambio de ideas. Pensamos en un orden posible y unas formas. Cuando hay una propuesta más o menos madura incorporamos al autor para que hable con libertad y diga si se ve plenamente reconocido en ella. En caso contrario, aplicamos cambios o volvemos a retomar caminos descartados. El resultado final implica generalmente, como cualquier proceso de edición, mucho hacer y deshacer. Siento fascinación por este proceso. Mi presupuesto es que cualquier grupo de fotos esconde en su interior un orden perfecto. Todos los esfuerzos deben encaminarse a encontrarlo.

 

Los tres libros que has publicado tienen una marca clara de la casa, son fácilmente identificables, me imagino que no es casual y que atiende a un proceso previo de definición de la misma.

Los tres forman parte de una colección denominada “El rectángulo”, en honor al primer libro de Sergio Larraín, editado en 1963 en Santiago de Chile, que se llamaba El rectángulo en la mano. Hay una correspondencia epistolar sostenida con Sergio Larraín, al que pedimos permiso para usar su título en la colección. Nos respondió en su estilo: con una carta preciosa en la que nos recordaba cuáles son los grandes problemas que afectan al mundo y nos sugería ideas para la sanación. Cada vez que publicamos un libro, le mandamos su ejemplar. Él responde fielmente y nos envía los suyos, unas autoediciones muy bonitas con pensamientos filosóficos que tratamos de incorporar, a modo de cita, en cada nuevo libro.

Los títulos que hemos publicado mantienen unos parámetros definidos, el tamaño y el grosor, junto a una serie de marcas reconocibles de diseño que sirven, cuando se observan juntos, para hermanarse. Sin embargo, el propósito en cada libro es que tenga una identidad propia y única, coherente con la obra y con las intenciones del autor al que está dedicado. Un gran responsable de esto es nuestro diseñador, Gustavo Navarrete, que ha encontrado buenas soluciones para otorgarles todo el peso a las imágenes.  




Imagen: Cristian Soto

Estamos viviendo una revolución internacional del libro de fotografía, ¿qué momento vive la fotografía chilena y su mercado de los libros?

La fotografía chilena goza de una gran vitalidad. Hay un número importantísimo de fotógrafos haciendo cosas interesantes. También hay una tradición editorial fotográfica en el país muy respetable. Algunas editoriales consagradas como LOM vienen publicando libros de fotografía desde hace mucho tiempo. Entre sus títulos están algunos clásicos recientes como Andacollo. Rito pagano después de la siesta, de Claudio Pérez, un libro bellísimo. También, colecciones como “Mal de ojo” y “Cazadores de sombras”. Desde tiempos más recientes, pero con una apuesta muy clara y contundente por la fotografía, la editorial Ocho Libros ha publicado varios libros en diferentes colecciones. Hay una conciencia general de que muchas obras merecen ser publicadas y se está subsanando en alguna medida una deuda pendiente. En paralelo se va creando también un grupo creciente de lectores y coleccionistas de libros.  Cuando llegan a las librerías o los canales de distribución, los libros tienen todavía un precio demasiado caro para el público local. Ése es un desafío pendiente: lograr que los aficionados, los estudiantes de fotografía y los interesados en general puedan llegar a los títulos a un precio justo.

En el mes de septiembre veremos publicado en cuatro idiomas el catálogo de Horacio Fernández y Martin Parr, The Latin American Photobook. Sin duda este libro y la exposición que recorrerá el mundo atraerán la atención de mucha gente hacia el mercado latinoamericano. ¿Cómo crees que va a influir sobre el panorama chileno?


Supe que Martín Parr estuvo buscando en Santiago algunos títulos para incorporar a su catálogo. Conociendo los libros que él mismo ha publicado, cabe esperar un magnífico trabajo. Sin duda se revalorizará, o en algunos casos comenzará a valorarse, el libro como el soporte más noble de una obra fotográfica ofrecida en condiciones de plenitud y autonomía. Me imagino que la exposición vendrá a Chile, quizás aprovechando la instancia del Festival Internacional de Fotografía en Valparaíso (FIFV) en noviembre, y animará a nuevas publicaciones. Ésa sería una situación ideal. Solamente generando un buen número de libros interesantes y bellos que den cuenta de un panorama vivo y animado podrá lograrse una dinámica que contribuya a la decantación de nuevos títulos. En la experiencia de La Visita, cuesta mucho vender el primero, pero los que llegan y encuentran un motivo de placer en sus páginas, generalmente repiten con los títulos nuevos.

Estamos ya expectantes, ¿nos puedes avanzar cuáles serán tus próximas publicaciones?

Siempre tenemos más ganas que medios, pero estamos trabajando ya en dos títulos nuevos. El cuarto título estará probablemente dedicado a Nicolás Wormull, un talentoso fotógrafo. La idea es tener el libro en la calle antes de fin de año. Y, seguramente, antes de que salga tendremos ya entre manos otros títulos nuevos. Lo estimulante es que hemos comenzando a recibir, y es una noticia buenísima, un buen número de mensajes de autores nacionales, algunos de larga trayectoria y otros con obra más reciente, interesados en publicar con nuestro pequeño sello.